La última demanda contra Suno acusa a la empresa de IA de violar los derechos de imagen de los músicos en lugar de infringir sus derechos de autor


Otro día, otra demanda judicial contra Suno, pero esta última acción legal difiere notablemente de todas las anteriores. En esta ocasión, los argumentos no giran en torno a los derechos de autor, sino a los derechos de publicidad de los músicos según la legislación de Estados Unidos.

Presentada por un grupo de artistas encabezado por Jason Isbell, la demanda colectiva sostiene que Suno diseñó y entrenó su modelo de inteligencia artificial para “indexar a los músicos por su nombre”, logrando así generar canciones nuevas “al estilo” de artistas ya consagrados y explotando sus “atributos identificativos”.

Como consecuencia de esto, la demanda de Isbell argumenta que Suno ha “incorporado las identidades de los músicos dentro de su modelo de IA para desarrollar un producto comercial sin su consentimiento”, y que ahora “se beneficia comercialmente de dichas identidades al utilizar públicamente los nombres de los artistas”.

Las querellas anteriores interpuestas contra Suno por sellos discográficos, editoriales musicales y varios intérpretes se centraban fundamentalmente en la infracción de los derechos de autor. En ellas se acusaba a la empresa tecnológica de realizar copias ilegales y sin licencia de grabaciones extraídas de plataformas como YouTube con el fin de alimentar su base de datos de entrenamiento.

Por su parte, Suno se defiende argumentando que el entrenamiento de una IA constituye un “uso legítimo” (*fair use*) de la música existente bajo la ley de derechos de autor estadounidense, lo que en su opinión eximía a la compañía de requerir autorizaciones de la industria musical para efectuar tales copias. Este nuevo litigio plantea un escenario totalmente distinto que exigirá una estrategia completamente diferente por parte de los abogados de Suno.

En primer lugar, tendrán que responder a la acusación de que los sistemas de entrenamiento de Suno procesan los metadatos de cualquier grabación para “asociar el nombre de un artista con grabaciones que contienen sus características vocales e instrumentales únicas”, permitiendo que el modelo relacione “un nombre específico con un conjunto determinado de atributos identificativos”.

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En segundo lugar, deberán hacer frente a los señalamientos de que dichos procedimientos de entrenamiento vulneran los derechos de publicidad protegidos por las leyes estatales en Estados Unidos. Por lo general, estos derechos otorgan a las personas el control legal sobre el uso comercial de su nombre, imagen, apariencia física y voz.

La demanda acusa a Suno de infringir las normativas vigentes en estados como California, Florida, Georgia, Hawái, Illinois, Massachusetts, Míchigan, Nueva Jersey, Nueva York, Ohio, Pensilvania, Puerto Rico, Tennessee, Texas y Washington.

Este caso también resulta sumamente llamativo al analizarlo junto a los acuerdos de licencia que algunas compañías musicales —como Warner Music y BMG— han firmado recientemente con Suno.

Con frecuencia, los intérpretes no poseen los derechos de autor de sus propias grabaciones. Esto ha generado un intenso debate sobre si gigantes como Warner y BMG tienen la potestad de incluir los temas que controlan en sus acuerdos de licencia de IA sin recabar la aprobación individual de cada creador.

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No obstante, los derechos de publicidad pertenecen exclusivamente a los músicos. Si dichos derechos han sido explotados tal como describe la demanda mediante el uso del nombre y los “atributos identificativos” de cada artista, se necesitará un consentimiento explícito por parte de estos —ya sea de forma directa o a través de sus discográficas—, complementando cualquier permiso que los sellos puedan otorgar unilateralmente sobre el copyright.

Es casi seguro que Suno comience su defensa argumentando que esta nueva demanda tergiversa la manera en que entrena su inteligencia artificial, asegurando que los nombres de los artistas no se almacenan durante sus procesos de aprendizaje y que su plataforma cuenta con restricciones diseñadas para impedir que los usuarios soliciten canciones “al estilo” de intérpretes concretos.

De hecho, un portavoz de Suno ya ha emitido un comunicado en el que recalca que “Suno existe para ayudar a las personas a crear música nueva y original, no para comercializar con el nombre de nadie”, añadiendo que “respaldamos los múltiples mecanismos de protección que hemos implementado en la plataforma, incluido el bloqueo de peticiones con nombres de artistas específicos o canciones protegidas por derechos de autor”.

La demanda impulsada por Isbell reconoce la existencia de estas “protecciones” mencionadas por el portavoz de Suno, pero sostiene que son totalmente ineficaces. Afirma que el hecho de poder eludir dichas restricciones para lograr que Suno genere temas imitando el estilo de músicos reales —incluyendo a varios de los demandantes— demuestra que la empresa explota comercialmente los nombres y las características de dichos artistas.

Según el texto legal, “Suno asegura que se bloquea el uso de nombres específicos en las peticiones, pero esa afirmación es falsa. En la realidad, Suno no solo acepta nombres, sino que responde a ellos generando un resultado basado en la identidad de ese músico. Al introducir ‘Jason Isbell’, Suno compuso una canción de estilo americana que imitaba la clara voz masculina y el toque country característicos de Isbell”.

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Aunque en teoría la plataforma de Suno intenta impedir que los usuarios escriban el nombre de un artista en sus comandos, la demanda denuncia que “el supuesto filtro se burla fácilmente con solo insertar un espacio entre cada letra del nombre, una modificación que tanto un lector humano como el propio modelo subyacente de Suno reconocen perfectamente como la misma persona”.

Además de la facilidad para sortear los filtros de Suno, la demanda señala que la empresa de IA presuntamente se ha aliado con creadores de contenido que explican en tutoriales de YouTube cómo saltarse estas limitaciones.

Por si fuera poco, el documento añade que incluso cuando el filtro de Suno funciona correctamente y elimina el nombre del artista introducido por el usuario, la plataforma sugiere “estilos similares” que pueden utilizarse como alternativa para guiar a la IA. Para los demandantes, esto evidencia que Suno logró “identificar al músico” a partir del nombre original y empleó la información asociada a este para ofrecer sugerencias de estilo equivalentes.

Queda por ver cómo responderá Suno a cada una de las acusaciones específicas sobre las fallas de sus filtros, así como a las deducciones de la demanda basadas en los contenidos generados mediante peticiones con nombres de artistas que la plataforma aceptó de una u otra forma.

Aún está por determinarse si las reclamaciones basadas en los derechos de publicidad tienen solidez legal o técnica, pero sin duda se trata de argumentos innovadores que convierten a esta en una de las batallas legales sobre IA musical más interesantes de seguir.



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