Tom Cruise se aleja temporalmente del cine de acción: Un vistazo a su futuro interpretativo a través de ‘Barry Seal: Solo en América’
ESTADOS UNIDOS. — Tom Cruise parece estar listo para dejar atrás, al menos momentáneamente, el heroísmo de acción que ha definido su carrera reciente. Su próxima película, Digger, se aleja por completo del molde tradicional del género: en ella, el actor de 64 años utiliza prótesis para encarnar a un magnate petrolero, maduro y poderoso, que debe rendir cuentas por un desastre ecológico.
Aunque el actor tiene en el horizonte proyectos que desafían el paso del tiempo, como una secuela de Días de trueno y una tercera entrega de Top Gun, Digger representa una ruptura similar a la que supuso Barry Seal: Solo en América (American Made) en 2017. Esta última, dirigida por Doug Liman y disponible actualmente en HBO Max, se mantiene como el único largometraje de Cruise sin un gancho claro de acción y aventuras en la última década.
En su estreno, Barry Seal tuvo un desempeño comercial discreto, situándose entre las cintas menos taquilleras de la carrera del actor en los últimos 35 años, por detrás incluso de títulos como La Momia. Sin embargo, vista en perspectiva dentro del mercado actual —menos propicio para producciones de presupuesto medio—, la película funciona como un valioso termómetro de cómo podría ser la carrera de Cruise una vez que decida colgar las alas del cine de acción de gran formato.
En la cinta, Cruise interpreta a Barry Seal, un piloto de aerolínea hastiado de su rutina que es reclutado por la CIA para misiones de reconocimiento en Centroamérica, y que termina operando de manera paralela como contrabandista de drogas. A diferencia de personajes idealizados como Ethan Hunt (Misión: Imposible), Seal es un antihéroe impulsivo y falible, motivado tanto por la necesidad económica de su familia como por una insaciable necesidad de adrenalina.
Para los críticos, el filme sirve como un reverso oscuro y terrenal de Top Gun. Lejos de la vulnerabilidad expuesta en trabajos anteriores como Magnolia o La guerra de los mundos, Cruise utiliza aquí su característico carisma como una armadura, manteniendo a su personaje en una zona de ambigüedad moral que, aunque evita una exploración psicológica profunda, ofrece una dinámica de notable energía junto al director Doug Liman.
A medida que la etapa de los grandes riesgos físicos de Cruise se encamina hacia una inevitable limitación, la opacidad calculada de interpretaciones como la de Barry Seal sugiere que el futuro del actor en el cine dramático estará marcado por personajes tan magnéticos como impenetrables.





