Universal Music ha presentado una demanda contra DistroKid, acusando a esta destacada plataforma de distribución independiente de utilizar «prácticas ilegales, engañosas y deshonestas» para «impulsar su rápido crecimiento», lo que la ha llevado a alcanzar una «valoración reciente de 2.000 millones de dólares». Según la discográfica, estas tácticas «amenazan a los actores legítimos» de toda «la economía musical», incluyendo a los sellos y servicios de distribución propios de Universal, así como a todos los artistas con los que colaboran.
DistroKid «genera la falsa impresión de que la música que distribuye consiste en lanzamientos respaldados por artistas, creados y propiedad de seres humanos reales», señala Universal en su nueva demanda judicial.
Sin embargo, la multinacional sostiene que una parte significativa de las grabaciones que el distribuidor entrega a los servicios de streaming son contenido basura generado por inteligencia artificial o pistas que infringen derechos de autor. Además, afirma que «DistroKid abraza esta conducta de malos actores» porque «beneficia su crecimiento y su consiguiente valoración en el mercado».
La acción legal se interpuso justo el día después de que Universal se uniera a Sony Music, Warner Music y a numerosos distribuidores independientes para lanzar la Iniciativa de Integridad en el Streaming, descrita como un «nuevo compromiso de la industria para combatir el fraude en las plataformas».
Llamó la atención que DistroKid no figurara entre los patrocinadores de dicha iniciativa, y ahora se conocen los motivos. Al menos para Universal, DistroKid forma parte del problema y no de la solución.
La demanda del gigante discográfico se fundamenta en dos acusaciones principales. En primer lugar, sostiene que DistroKid participa directamente en el fraude de streaming, específicamente en la fase de carga. Los usuarios de la plataforma suben pistas que infringen derechos de autor —como música de otros artistas modificada mediante remixes, o con el tempo acelerado o ralentizado— con la esperanza de eludir los filtros de contenido de las plataformas y cobrar regalías cuando dichas canciones se reproducen.
Asimismo, Universal alega que cuando los controles de una plataforma en particular —por ejemplo, YouTube— detectan una infracción, DistroKid suele aceptar que su usuario carece de derechos para difundir el tema en ese servicio específico, pero «continúa distribuyendo exactamente la misma grabación a otras plataformas digitales».
El segundo motivo de queja se centra en la denominada morralla de IA, donde determinados clientes de DistroKid suben cada año miles de canciones completamente generadas por inteligencia artificial, habitualmente acompañadas de títulos de artistas y canciones concebidos para aparecer en los resultados de búsqueda más comunes de los servicios de streaming.
Aunque la demanda de Universal insinúa que esta música podría estar sujeta a fraudes en las reproducciones —es decir, que quienes suben el contenido manipulen artificialmente las escuchas para inflar los números—, la discográfica cuestiona principalmente el canal de música generada por IA de DistroKid en un sentido más amplio.
El inconveniente radica, según la empresa, en que personas y compañías emplean a DistroKid para inundar las plataformas con enormes volúmenes de música optimizada para búsquedas y creada por IA que no está claramente identificada como tal, actuando de este modo como «algo que en realidad no es».
Esta situación perjudica directamente a Universal debido al modelo de negocio del streaming, donde existe una bolsa de regalías limitada cada mes que se reparte en toda la industria. Si una parte de esos ingresos se destina a basuras de IA o a temas infractores, queda menos dinero para el resto de creadores.
Aunque DistroKid no se beneficia directamente del dinero que reciben los usuarios que suben dicho contenido —puesto que opera mediante una tarifa fija en lugar de cobrar comisiones—, el argumento sostiene que, al servir como vía de escape para contenidos infractores y de IA (además de albergar a millones de artistas legítimos), la empresa logra cobrar más cuotas y acaparar una mayor cuota de mercado.
Aparte de las acusaciones directas por infracción de derechos de autor, Universal afirma que DistroKid incurre en prácticas comerciales deshonestas y engañosas. Esto ocurre al utilizar la faceta legítima de su negocio —y su participación en iniciativas antifraude— para camuflar la vertiente supuestamente dudosa de su operativa frente a los artistas, la industria y los servicios de streaming con los que mantiene acuerdos de licencia.
Si bien no participa en la recién creada Iniciativa de Integridad en el Streaming, DistroKid sí forma parte activa de la ya consolidada Music Fights Fraud Alliance, un grupo fundado por distribuidores musicales para combatir las distintas modalidades de fraude en el streaming.
Universal argumenta que la presencia de DistroKid en esta alianza forma parte de la estrategia de engaño. Para respaldar esta afirmación, señala que la compañía tiene acceso a una base de datos de dicha alianza que identifica canciones retiradas por los servicios de streaming u otros distribuidores debido a actividades fraudulentas.
«Ciertos artistas vetados por otros distribuidores de acceso abierto cuentan con cientos de alertas en la base de datos de la alianza», indica el texto legal. «Sin embargo, DistroKid ha acogido a muchos de esos mismos infractores como titulares de cuentas» e incluso ha distribuido temas específicos «que ya habían sido señalados por sus distribuidores anteriores».
Independientemente de la veracidad de los señalamientos de Universal, es innegable que DistroKid conserva un negocio legítimo y considerable de distribución musical para artistas independientes y de tipo DIY.
Este aspecto es el que Universal minimiza de forma notable en su demanda, del mismo modo que lo hizo cuando presentó una demanda muy similar contra Believe y su plataforma de distribución TuneCore hace dos años.
Aquel litigio de 2024 también afirmaba que Believe había conseguido un «crecimiento espectacular» al «funcionar como un centro de distribución de copias infractoras de las grabaciones con derechos de autor más populares del mundo». Dicha batalla legal entre Universal y Believe concluyó con un acuerdo extrajudicial en abril de este año.





