CRÍTICA DE CINE
Nostalgia y dinosaurios: Así es “The End of Oak Street”, la nueva apuesta de David Robert Mitchell
BURBANK, California — Bajo la dirección y guion de David Robert Mitchell, llega a la gran pantalla “The End of Oak Street”, una producción que funciona como un claro homenaje al cine de aventuras de la década de los 80. Con reminiscencias evidentes a clásicos como “Jumanji”, “Signs”, “Back To The Future” y, de manera muy marcada, a “Jurassic Park”, la película rescata una estética y un tono optimista que caracterizaron a las producciones familiares de aquella época.
La trama sigue a Greg y Denise Platt, un matrimonio de los suburbios interpretado por Ewan McGregor —cuyo acento estadounidense ha sido señalado por la crítica como poco convincente— y Anne Hathaway, respectivamente. Ambientada en 1982, la historia presenta a una pareja en plena crisis matrimonial que intenta ocultar su separación a sus hijos y vecinos.
Sin embargo, el conflicto conyugal queda en segundo plano cuando, a través de un agujero de gusano cósmico, su vecindario entero es transportado repentinamente a la era prehistórica, una época dominada por dinosaurios hambrientos.
A pesar de la premisa violenta en la que varios vecinos y mascotas son devorados por reptiles gigantes, el filme opta por un tono más emocionante que terrorífico. La tensión se mantiene controlada gracias a una atmósfera lúdica y a la sensación constante de que, fiel al estilo de las películas de aventuras clásicas, la familia protagonista logrará sobrevivir.
Entre aciertos y tropiezos narrativos
La cinta no está exenta de críticas técnicas y narrativas. Además del cuestionado desempeño vocal de McGregor, el guion recurre a decisiones cuestionables por parte de los personajes, como abandonar refugios seguros en plena infestación de tiranosaurios para buscar a la mascota familiar. Asimismo, la explicación científica del viaje en tiempo resulta superficial, apoyándose vagamente en las teorías de Carl Sagan sobre los agujeros de gusano.
No obstante, el largometraje compensa sus debilidades con un ritmo ágil de 90 minutos y decisiones de diseño creativas —como dotar a los dinosaurios de plumas, un detalle históricamente preciso—. Hacia su tramo final, la película logra elevarse por encima de la simple comedia de acción al introducir un salto temporal que plantea cuestiones filosóficas sobre la individualidad, la familia y la supervivencia.
“The End of Oak Street” logra su cometido principal: ofrecer noventa minutos de entretenimiento que apelan directamente a la nostalgia de quienes crecieron consumiendo el cine de aventuras de finales del siglo XX.





