Con tres álbumes a sus espaldas, Slow Pulp maduran y, en ‘Melodie’, saben sacarle partido


A menudo, Henry Stoehr siente que está solo en medio de una multitud. Al guitarrista de Slow Pulp le gusta vivir en Chicago, percibir el ritmo constante de la metrópoli y la energía de las vidas que se desarrollan a su alrededor; sin embargo, mientras permanece en su apartamento dándole vueltas a ideas para canciones, también es muy consciente de su propia soledad. La gorra de los Packers que lleva puesta durante nuestra entrevista es un detalle evidente de sus raíces de Wisconsin en Illinois, pero va más allá: sentirse fuera de lugar no es solo una cuestión geográfica.

“He sentido eso toda mi vida”, le confiesa a NME a través de Zoom, sentado en la mesa de la cocina junto a la guitarrista y vocalista Emily Massey. “Estoy intentando comprender más a fondo qué es lo que me hace sentir alienado, qué parte de mí desea conectar y qué parte rechaza esa conexión”.

El tercer álbum del cuarteto de indie rock nace precisamente de ese impulso autorreflexivo. A lo largo de ‘Melodie’, Stoehr y Massey arrancan costras y repasan cicatrices; es un ejercicio de reencuentro con el pasado reinterpretado a través de la sabiduría que otorgan los años de experiencia. Su última y elegíaca canción, ‘Slip Away’, actúa como brújula al recordar un episodio de su juventud sin rumbo a principios de los veinte cuando, atravesando un bache mental, fue ignorado por unos amigos frente a una ferretería en Madison, la ciudad natal del grupo.

Aquel desaire pareció confirmar entonces sus peores complejos: la creencia de que merecía vivir al margen de la sociedad. Plasmarlo por escrito le ayudó a dialogar y comprender a su versión más joven. “Era una ansiedad flotante”, recuerda Stoehr. “Luego escribí la canción y pensé: ‘Vaya, esto es algo muy concreto que siento’. No había sabido ponerlo en palabras”.

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No obstante, bajo la fascinante dinámica que recorre ‘Melodie’, son las letras de Massey las que dan voz a estos sentimientos. “Lo grito a través de un megáfono / Lo resuelvo todo por mi cuenta”, canta, exponiendo los pensamientos más íntimos de Stoehr. Al mismo tiempo, reafirma el vínculo de una colaboración creativa que ha madurado con el tiempo. Cuando Massey se unió por primera vez a Stoehr y a sus antiguos compañeros Alex Leeds (bajo) y Teddy Mathews (batería), el intercambio mutuo de ideas cimentó su amistad. “Cuando empezamos con esto hace diez años, apenas nos conocíamos”, señala Massey. “Así fue como nos convertimos en amigos”.

Aquellos flujos creativos impulsaron sus primeros EP y la composición de su aclamado debut en 2020, ‘Moveys’, un disco que los catapultó hacia el reconocimiento de la crítica y giras junto a coetáneos afines como Lucy Dacus y veteranos de referencia como Death Cab For Cutie. Sin embargo, pronto comprobaron que el camino hacia adelante no era lineal.

Massey tuvo que lidiar con problemas de salud y regresar temporalmente a Wisconsin desde Chicago, primero durante la gestación de ‘Moveys’ para cuidar a sus padres tras sufrir un accidente automovilístico, y más tarde en plena pandemia, cuando se instaló en una zona boscosa. Allí halló inspiración en la soledad mientras moldeaba las letras del crudo y melódico sucesor publicado en 2023, ‘Yard’. “Acalma a mi crítico interno”, explica. “Puedo dejar que ocurra lo que tenga que ocurrir. No me juzgo con dureza a mí misma ni a la situación. A veces, en entornos de ritmo acelerado, siento la presión de ir a su mismo ritmo”.

Ambos afrontaron estas circunstancias cambiantes con sensibilidad y cuidado, primero a distancia y luego juntos, a medida que los bocetos iniciales se transformaban en temas definitivos de Slow Pulp. Últimamente, no obstante, han querido involucrarse de forma más directa. Siguiendo la estela introspectiva de ‘Melodie’, el proceso de composición consistió en examinar sus hábitos creativos con el mismo rigor que sus vidas privadas. Volvieron a intercambiarse fragmentos musicales de forma constante y a generar material cada pocos días, creando cerca de 30 canciones candidatas a formar parte del álbum. “En muchos sentidos, sentí que volvíamos a conocernos”, afirma Massey. “Nuestra comunicación y nuestra amistad están mejor que nunca”.

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“Es curioso escuchar nuestro material antiguo. Casi puedo oírme esquivando algo que no me atrevía a decir en voz alta” – Henry Stoehr

En ocasiones, parece que ‘Melodie’ conecta directamente con el centro emocional tanto de Massey como de Stoehr. Sus momentos de revelación y análisis pueden resultar desgarradores, pero se transmiten con la vitalidad propia del indie-pop: son temas con alma de éxito que primero te entristecen para luego levantarte del suelo. ‘Red Car’ despliega un power-pop radiante y ritmos azucarados mientras Massey se reprocha su tendencia a huir cuando las situaciones se complican, al tiempo que las texturas de sintetizador y la seguridad desafiante del sencillo ‘Better Man’ contrastan con el análisis implacable y casi cruel que Stoehr hace de sí mismo. “¿Lo habré vuelto a arruinar? / Quizás deba dejarlo en manos de alguien mejor”, canta Massey, con un estribillo que se niega rotundamente a caer en el pesimismo. “Creo que esa [honestidad] se debe a la confianza que hemos construido”, observa Massey. Stoehr asiente: “Se trataba de ser vulnerables y transparentes, de derribar cualquier coraza respecto a nuestras vivencias”.

Esta actitud de jugárselo todo se tradujo también en la contratación de un productor externo por primera vez. En la sala de control, Stoehr y Massey trabajaron junto a Elliott Kozel, quien logró equilibrar perfectamente el sonido de procedencia de Slow Pulp con sus aspiraciones futuras. Al ser también originario de Wisconsin, su antigua banda Sleeping In The Aviary dejó huella en el grupo, mientras que sus trabajos recientes incluyen colaboraciones con SZA y Indigo De Souza. Kozel aporta una perspectiva muy receptiva a la paleta sonora de ‘Melodie’, que transita por ráfagas de ruido shoegaze (‘Melodie’), pop acústico ornamentado (‘These Days’) y baladas embriagadoras (‘Not For Nothing’). “Elliott encajó a la perfección con lo que buscábamos”, señala Massey. “Además, le permitió a Henry dejar de asumir un millón de roles diferentes para centrarse exclusivamente en la composición”.

“Gran parte de mi trabajo lo hago en solitario y dándome cabezazos contra la pared”, añade Stoehr. “Siempre pienso: ‘No sé cómo terminar esto’. Contar con otra persona resultó muy útil. Para ambos, siempre había alguien dispuesto a validar o descartar una idea. Yo le preguntaba: ‘¿Vale la pena seguir media hora más con esto?’ Y él respondía: ‘¡Ni hablar!’. Sentí mucho apoyo y sirvió para validar mi propio proceso. Fue mucho más divertido y menos solitario”.

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Slow Pulp. Crédito: Alexa Viscius

Al fin y al cabo, ahí radica la verdadera esencia. ‘Melodie’ se adentra en terrenos solitarios e implacables, pero siempre hay una mano dispuesta a ayudar en forma de estribillo rotundo, un adorno de cuerdas o una descarga de distorsión. Envolver verdades dolorosas en formatos digeribles no es un recurso nuevo, pero sigue siendo sumamente eficaz cuando una banda lo ejecuta con la autenticidad y el instinto pop que Slow Pulp demuestra tener hoy en día. “Ambos estamos rondando los treinta y entendemos lo importante que es ser honestos con uno mismo”, apunta Stoehr. “Es fascinante escuchar nuestros temas antiguos; casi consigo oírme a mí mismo esquivando aquello que no me atrevía a confesar en voz alta”.

“Creo que encontramos una gran belleza en nuestra capacidad para procesar las cosas de una manera tan abierta”, coincide Massey. “No creo que ninguno de los dos hubiera experimentado eso antes al componer, y eso nos aportó claridad. En el fondo, hay muchos aspectos tristes o difíciles, pero también nos encantan las melodías pop y la sensación de bienestar al escuchar música. Ambas realidades pueden convivir: la gestión de emociones complejas junto a una canción que te invita a salir a caminar y disfrutar del día”.

‘Melodie’ de Slow Pulp sale a la venta el 18 de septiembre a través de Anti-.



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