El Tribunal de Propiedad Intelectual del Reino Unido ha dado la razón a la entidad de gestión de derechos de autor PRS en un litigio sobre las regalías que pagan las salas de cine por el uso de música en las películas, dictaminando finalmente que la tarifa debe subir.
En un comunicado sobre el caso, PRS afirmó que su postura era que la tarifa anterior, negociada hace más de dos tanto por ciento, «ya no reflejaba la realidad de la industria cinematográfica actual».
Tanto PRS como la Asociación de Cines del Reino Unido «coincidieron en que la música desempeña un papel fundamental en la experiencia de ir al cine», y el Tribunal aceptó que «las películas, y por ende las salas de proyección, utilizan más música hoy en día que en 2005, por lo que aprobó un incremento en la tasa de derechos de autor».
Antes de la vista judicial celebrada en junio, Phil Clapp, director ejecutivo de la Asociación de Cines del Reino Unido, declaró a Screen Daily que llevar el conflicto con PRS ante el Tribunal de Propiedad Intelectual suponía «un proceso muy largo, sumamente costoso y arduo», pero que no les quedaba «otra alternativa» ya que la propuesta de PRS para actualizar su licencia de cine «era tan poco razonable que no cabía una negociación real».
El gremio de exhibidores cinematográficos todavía no se ha pronunciado sobre el fallo del Tribunal, aunque es de suponer que no habrá sido de su agrado. Por su parte, como era de esperar, PRS ha celebrado la sentencia, la cual, en palabras de su director de operaciones Dan Gopal, «reconoce el valor superior de la música dentro de la vivencia cinematográfica global».
El equipo de PRS, añade, «ha trabajado de forma incansable durante años para asegurar condiciones que reflejen mejor el uso intensivo de la música en los filmes y la importante aportación del trabajo de nuestros socios al disfrute de los espectadores». A su juicio, este veredicto «valida dichos esfuerzos».
Cuando se emplean canciones y composiciones musicales en una película, se requieren esencialmente dos tipos de licencias. En primer lugar, el estudio cinematográfico sincroniza la música con las imágenes, lo que implica duplicar el material sonoro. Dado que la ley otorga a los titulares el control sobre la reproducción de sus obras, se necesita una autorización para dicha copia.
En territorio británico, las editoriales musicales suelen gestionar la reproducción de los temas que administran, por lo que negocian y pactan una licencia de sincronización directamente con el productor del largometraje.
No obstante, cada vez que la película terminada se proyecta en la gran pantalla, la música integrada en ella se interpreta públicamente. La legislación de propiedad intelectual otorga de manera independiente a los creadores el derecho a controlar la ejecución pública de sus creaciones.
En el Reino Unido, esta vertiente de interpretación pública —que forma parte de los derechos de ejecución— suele estar en manos de PRS y no de la editorial, ya que los compositores ceden estos derechos a su sociedad de gestión, por regla general antes de suscribir cualquier contrato editorial.
Este es el motivo por el cual los cines necesitan obtener una licencia de PRS que cubra la música presente en todas las películas que programan. Gracias a este sistema, los compositores y editores perciben una tarifa de sincronización cuando el tema se acopla al filme, y posteriormente obtienen regalías adicionales cada vez que la obra es proyectada.
La licencia de PRS para cines también engloba otros usos musicales dentro de los establecimientos, tales como la música ambiental que suena antes de las proyecciones o la celebración de eventos que incluyan la participación de DJs o música en directo.
Siempre que la industria musical recurre a la gestión colectiva, mediante la cual una entidad como PRS emite una licencia global que abarca a la mayoría de las obras, surgen ciertas inquietudes relacionadas con el derecho de la competencia. En el Reino Unido, el Tribunal de Propiedad Intelectual funciona como un mecanismo para mitigar tales preocupaciones.
Cuando surge una disputa sobre las tarifas que PRS debe aplicar en una licencia concreta, las empresas u organizaciones que representan a los licenciatarios y sectores afectados pueden acudir a este tribunal especializado. Son los jueces quienes fijan en última instancia los precios y el resto de las condiciones. En este supuesto concreto, fue la Asociación de Cines del Reino Unido la que promovió el procedimiento.
Además de elevar las tarifas de regalías, la licencia cinematográfica de PRS se está simplificando con esta revisión. Con anterioridad, los cines podían elegir entre abonar una cantidad fija por espectador o bien un porcentaje de la taquilla. A partir de ahora, el modelo será invariablemente una tarifa fija por cada asistente.
La Asociación de Cines del Reino Unido expresó su oposición a este cambio, argumentando que el esquema de cuotas fijas perjudica a aquellos cines con precios de entrada más económicos, los cuales suelen ser salas independientes y de menor tamaño. El colectivo profesional calculaba que el modelo de PRS resulta viable cuando las entradas superan las 7,33 libras esterlinas, pero que para los precios inferiores a esa cifra, las tarifas fijas se traducirán en un desembolso global mucho mayor.
En respuesta a dicha queja el pasado mes de junio, PRS declaró a Screen Daily: «Somos conscientes de la relevante función cultural que desempeñan los pequeños cines independientes en sus comunidades locales. Con el fin de protegerlos, mantenemos un descuento por baja asistencia que puede recortar las regalías de un cine hasta en un 25 %». Sin embargo, la asociación de exhibidores replicó que este sistema de bonificaciones no soluciona por completo el problema planteado.
PRS ha señalado que las nuevas condiciones de la licencia se pondrán en marcha «una vez que la tarifa actualizada haya quedado definida, tras consensuarla con la Asociación de Cines del Reino Unido y recibir el visto bueno del tribunal en una próxima vista». De este modo, las tarifas incrementadas se aplicarán de forma retroactiva al uso de música registrado desde julio de 2024 y «se revalorizarán al comienzo de cada año conforme al índice de inflación».
Para concluir, PRS afirma que «colaborará estrechamente con la Asociación de Cines del Reino Unido durante las próximas semanas para respaldar a sus asociados en la transición hacia el nuevo marco normativo».





