Bad Bunny Super Bowl, un evento de impacto inesperado: El domingo por la noche, el Levi’s Stadium no fue solo el escenario de un partido de la NFL; fue el epicentro de una ocupación cultural. Bajo el resplandor de los neones y el estruendo del reggaetón, Benito Antonio Martínez Ocasio —el hombre que el mundo conoce como Bad Bunny— transformó el espectáculo del medio tiempo en un manifiesto político disfrazado de fiesta global.
Desde el primer acorde de “El Apagón”, quedó claro que esto no era solo música. Era una deuda cobrada en horario estelar. El Bad Bunny Super Bowl no fue solo una presentación; fue una controversia exitosa que obligó a una nación a mirarse en el espejo retrovisor de sus propias colonias.
El apagón que iluminó al mundo

Mientras los drones dibujaban constelaciones sobre Santa Clara, Benito se encaramaba a un poste de luz que chispeaba de forma errática. No era un efecto especial vacío. Era una referencia directa a LUMA Energy y al colapso crónico de la red eléctrica en Puerto Rico.
Años después del huracán María, la reconstrucción de la isla sigue siendo un espejismo financiado a medias y gestionado con una negligencia que raya en lo criminal. Bad Bunny no usó palabras para denunciar el abandono de los Estados Unidos; usó la infraestructura rota de su hogar como escenografía frente a 100 millones de espectadores.
La realidad tras los focos:
- Infraestructura en ruinas: A pesar de los anuncios oficiales, gran parte de la red eléctrica de la isla opera con parches, dejando a miles en la oscuridad de forma recurrente.
- El olvido federal: La lentitud en la entrega de fondos para la reconstrucción ha convertido a Puerto Rico en un recordatorio constante de las prioridades selectivas de Washington.
“Somos ciudadanos, no solo latinos”
Uno de los puntos más agudos del show fue la subversión de la identidad. En un país que a menudo etiqueta todo lo que suena a español como “extranjero”, Bad Bunny recordó —con una sutileza feroz— que los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses por derecho propio desde 1917.
La controversia estalló en redes sociales. Mientras sectores conservadores criticaban el uso del español en “el evento más americano del año”, ignoraban un hecho legal básico: Benito nació con el mismo pasaporte que cualquier nativo de Nebraska.
“Tratarnos como ‘invitados’ en nuestra propia casa es el truco de magia más viejo de la política estadounidense”, comentaba un analista tras el show.
Bad Bunny utilizó el escenario para romper esa barrera. Al terminar su set con un “God Bless America” que incluía las banderas de todo el continente, no estaba pidiendo permiso para integrarse; estaba reclamando un espacio que ya le pertenece a su gente, aunque muchos prefieran verlos simplemente como “mano de obra latina” o “estrellas de exportación”.
El 51º Estado que nadie quiere escuchar

Muchos espectadores se quedaron con el mensaje de unidad continental, con la imagen de las banderas ondeando juntas. Sin embargo, pocos repararon en la herida abierta que Bad Bunny dejó sangrando sobre el césped: el estatus de Puerto Rico como un territorio no anexado.
La narrativa del show apuntaba a una paradoja democrática que Washington prefiere ignorar. En múltiples ocasiones, la población de Puerto Rico ha votado a favor de la integración plena a la Unión (la estadidad). Sin embargo, estas solicitudes han sido recibidas con un silencio administrativo sepulcral en el Congreso.
¿Por qué la controversia es “exitosa”?
- Visibilización: Logró que el término “territorio no incorporado” fuera tendencia en Google durante el partido.
- Desafío al estatus quo: No se limitó a entretener; puso sobre la mesa la falta de representación electoral de 3 millones de ciudadanos que pueden ser reclutados para la guerra, pero no pueden votar por su comandante en jefe.
- Impacto cultural: Al cantar en español, reafirmó que la ciudadanía no depende del idioma, desafiando la hegemonía anglocéntrica del Super Bowl.
Un legado de resistencia

La estética del show, que mezcló campos de caña de azúcar con bodegas de Nueva York, trazó la línea de la migración forzada por la falta de oportunidades en la isla. La actuación de Bad Bunny fue un recordatorio de que, mientras Estados Unidos siga mirando hacia otro lado en la reconstrucción de Puerto Rico, los artistas seguirán usando sus plataformas más grandes para gritar la verdad.
Al final del día, la controversia exitosa de Benito no se mide en ratings (que fueron históricos), sino en la incomodidad que generó. Si un show de medio tiempo no te hace cuestionar el mundo en el que vives, es solo ruido. Y lo que Bad Bunny trajo al Super Bowl 2026 fue un estruendo de realidad que no se puede apagar.
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